Nuevos planes de datos: Internet móvil sin taxímetro

Planes de datos

Hace unas semanas me pasaron varias cosas que me hicieron pensar que Murphy es un filósofo más sabio que Platón (“todo lo que puede salir mal saldrá mal”), y de paso me hicieron entender lo limitados que eran los planes de datos de la telefonía celular en Colombia.

Yo realmente no lo había notado –porque casi siempre mantenía el celular conectado a través de la red Wi-Fi de la casa o la oficina– hasta que me tocó usar mi plan de datos de forma intensiva. Y tuve que hacerlo precisamente cuando el plan, que era de 5 GB, bajó a 2,5 GB, porque yo lo había tomado con una promoción que duplicaba la capacidad de consumo de datos solo por un año, algo que ya no recordaba.

Más o menos por los mismos días, sucedió algo curioso: se dañó el chip Wi-Fi del PC que uso en la oficina (¿a quién le pasa eso?). Y por esa misma razón descubrí que mi puesto era el único de toda la oficina que tenía dañado el punto de red, así que no podía conectar mi PC por medio de un cable Ethernet. Así que me quedé sin Internet en la oficina.

Debido a esas coincidencias, no tuve otra opción que empezar a utilizar mi PC con el plan de datos del celular, a través de un cable USB. Y todo funcionaba muy bien, pero el plan de datos se agotó en solo dos días. Y no porque haya cometido la burrada de ver una película o un partido de fútbol en streaming, sino porque esos días (otra coincidencia poco oportuna) mi PC decidió descargar una gran cantidad de actualizaciones de Windows y de Office, y rápidamente devoró lo poco que quedaba de mi generoso plan de 2,5 GB.

Planes de datos

Cuando por primera vez en la vida me llegó un mensaje de texto avisándome que mi plan de datos se había agotado, recordé la época en la que los usuarios de Internet nos maravillábamos con nuestras conexiones telefónicas (en esa época las llamaban conmutadas), que eran lentas y primitivas, pero que pagábamos a precio de oro. Quizás usted también las recuerde…

Uno se conectaba mediante un módem del tamaño de un par de panelas, esperaba a que el aparato se enlazara con Internet mientras aullaba como un gato que está siendo estrangulado (el módem, no uno), y apenas entraba a la Red el usuario empezaba a sentir como si tuviera un taxímetro en la cabeza, porque el consumo se cobraba por minuto, como si se estuviera haciendo una llamada telefónica común. Las facturas del teléfono tuvieron una disparada brutal en ese tiempo.

Eso sin contar el hecho de que nadie podía usar el teléfono fijo de la casa mientras uno estuviera conectado (“¡cuelgue que necesito el teléfono!!!!”, era un alarido común en los hogares esos días). Y encima el servicio era terriblemente lento, pues inicialmente funcionaba a 9,6 o 14,4 kilobytes por segundo (Kbps). Lo curioso es que nos sentíamos como si estuviéramos viviendo una era de ciencia ficción al gozar del sorprendente adelanto que era Internet a mediados de los años 90.

Me dediqué a succionar Internet a cuentagotas colgándome de los puntos de Ethernet de mis compañeros, al mejor estilo de quien pincha un cable de la red eléctrica en un barrio de invasión.

Volviendo al presente, debo admitir que, pese a las evidencias de que mi plan de datos tenía muy poca capacidad, me negué a mejorarlo. Mi mente me lo vendió como ‘un acto de rebeldía contra las grandes corporaciones’, pero era tacañería pura y dura. Y mientras venía un técnico que arreglara mi punto de red (pasaron varios días), me dediqué a succionar Internet a cuentagotas colgándome de los puntos de Ethernet de mis compañeros de oficina cuando ellos se paraban de sus escritorios para ir al baño, al mejor estilo de alguien que pincha un cable de la red eléctrica pública en un barrio de invasión. Algunos tienen vejigas de larga duración, así que a veces me tocaba esperar bastante para actualizar mi Dropbox o leer el correo nuevo. No me sentía muy glamoroso, pero primero están los principios. Pero esos días pasó algo que cambió mi suerte: la capacidad de los planes de datos se disparó en Colombia (Dios protege a sus tacaños).

Una jugada que sacudió el mercado

A mediados de septiembre, TigoUne lanzó planes de Internet móvil con una gran capacidad de datos móviles, y produjo un remezón en el mercado. En menos de dos semanas, Claro, Movistar y Avantel también lanzaron planes con grandes cantidades de datos, por los mismos precios por los que antes obteníamos planes de baja capacidad.

Esta es una gran noticia para el desarrollo de Internet móvil en Colombia, porque hay jugadas empresariales que tienen la capacidad de transformar el mercado y masificar ciertos servicios. En el caso del Internet fijo, esto sucedió cuando salieron las conexiones de banda ancha, que brindaron gran velocidad, pero en particular cuando los operadores ofrecieron ese servicio de forma ilimitada y por precios decentes.

El servicio móvil todavía no es ilimitado, pero el salto en capacidad fue notable. Yo pasé de pagar 75 mil pesos mensuales por un plan de datos de 2,5 GB a pagar 80 mil pesos por uno de 17 GB. Esta era una medida necesaria, y es curioso que no se hubiera tomado antes, teniendo en cuenta que, a diferencia de los PC (no todo el mundo pasa el día pegado a uno), hoy sería raro encontrar a un colombiano que no cargue un celular en su bolsillo.

Todo este carretazo es para decirle que, si no se ha actualizado a los planes nuevos, se está perdiendo la oportunidad de usar por primera vez su conexión móvil sin el ‘taxímetro mental’ de antes. Eso sí, el video con moderación. Un solo partido de fútbol, o una película en streaming, consume cerca de 2 GB de datos móviles en buena resolución… Así que todavía no estamos del otro lado.

Imágenes: iStock

Javier Méndez

Javier Méndez

A mediados de los años 80 tuve un paso fugaz por la facultad de Ingeniería de Sistemas de la Universidad de los Andes, pero me tomó pocos meses descubrir que escribir código era mucho menos apasionante que escribir artículos. Desde entonces pienso que la tecnología es más divertida cuando se la disfruta desde afuera que cuando se la sufre desde adentro. Y aunque mis primeros pasos en el periodismo los di en la sección deportiva de El Tiempo, era cuestión de tiempo para que aterrizara en el mundo de la tecnología. Llevo 28 años escribiendo sobre este tema, primero en El Tiempo, y ahora en la revista ENTER y EmpresarioTek.co.

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