Biblioteca de cosas, un sitio para pedir prestados objetos útiles

Biblioteca de cosas

Una biblioteca tradicional es un lugar en el que almacenan, con sumo cuidado y orden, una cantidad ingente de libros y otros materiales de lectura. Allí puedes acudir a revisar esos textos, sin sacarlos del lugar, a menos de que pagues una membresía anual o mensual (a veces la membresía es un beneficio adquirido por pagar otro servicio, como en las universidades) que te permite llevarte prestado el libro o material de lectura que necesitas o te interesa por un período establecido.

Todos conocemos el concepto, pero merece la pena sacarlo a colación para poder comprender mejor el concepto de una biblioteca de cosas. Básicamente funciona de la misma manera: vas a un lugar en el que almacenan y organizan una gran cantidad de objetos útiles (electrodomésticos, herramientas, instrumentos musicales, juguetes, equipos de jardinería y equipos de ciencia, entre otros) para pedirlos prestados por un tiempo delimitado, lo que es una ventaja para el bolsillo, porque no hay necesidad de comprar un objeto costoso que probablemente usaremos una vez.

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Es un concepto de comunidad llevado a otro nivel. ¿Cuántas veces no hemos llamado o golpeado en la casa de los vecinos para pedir un taladro o una escalera prestada? Es básicamente lo mismo, pero sin llamar, sin golpear y sabiendo que el objeto que necesitamos está ahí y nos lo van a prestar. Además, los elementos son donados por la misma comunidad. La biblioteca solo es un lugar para administrar los préstamos.

No hay un origen claro, pero sí mucho futuro

Ideas

Traté de rastrear un origen histórico de las bibliotecas de cosas, pensando que era una idea que apenas se estaba desarrollando por un grupo de personas en alguna parte del mundo, pero no encontré el punto de inicio, porque es algo que se está llevando a cabo por distintas personas u organizaciones en diferentes partes del planeta.

Por ejemplo, hay un movimiento de biblioteca de cosas en Londres, llamado Library of things, cuyo modelo se basa en respaldar y ayudar a las personas que quieran crear, junto con su comunidad, una biblioteca de cosas en su barrio, a los que les piden algunos requisitos, como un espacio de almacenamiento adecuado. A cambio, ofrecen servicios de contabilidad y mantenimiento, además de plataformas digitales, seguros, publicidad y otras ayudas logísticas para el desarrollo de la nueva biblioteca

En este modelo, las personas deben pagar un precio único por una membresía y, luego, cuando necesiten algo, deben pagar por el tiempo en el que lo usarán.  Pero hay otros modelos, por ejemplo, la Share Oxford, también en Inglaterra, da préstamos de objetos a cualquier persona por medio del catálogo que tienen en su página web. La persona puede pagar por el tiempo de préstamo o, bien, puede pagar una membresía anual o mensual. Cualquiera que sea el caso, antes de llevarse un objeto, la persona deberá dar información personal, que incluye su lugar de residencia.

Ideas

Las bibliotecas de cosas están conquistando el mundo

Y, así como estas, hay distintas bibliotecas de cosas en todo el mundo: Estados Unidos, Países Bajos, Australia, Canadá, China y Alemania, entre otros países. Sin embargo, no hay información de una biblioteca de cosas en Latinoamérica, lo que claramente incluye a Colombia. Tener lugares como estos en nuestro país ayudaría a la economía de los ciudadanos y la ampliación de su uso en todo el mundo ayudaría al medio ambiente, ya que disminuiría el consumo y producción masiva de objetos.

Sé que algunos pensará que en Colombia eso es imposible, que encontrarán la forma de hacer trampa y robarse lo que usan, pero es hora de creer en nosotros mismos, de darnos la oportunidad de crecer, al fin, y permitirnos disfrutar de ideas geniales como las bibliotecas de cosas, pensando en la comunidad y no solo en el beneficio propio.

Imágenes: Bowdenimages (vía: iStock).

Fernando Mejía

Fernando Mejía

Quise ser músico, cineasta, astronauta, científico y poeta, cuando supe que solo me alcanzaba para la última, me hice periodista en el Externado para al menos escribir de todo eso y no defraudar al niño que fui.

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