Sentido homenaje al disquete

En agosto de 1998, Steve Jobs anunció el lanzamiento del iMac, un computador que tenía grandes atributos estéticos y tecnológicos, entre los que se destacaba no tener unidad de disquete.

Nadie puede negar que Jobs ¿el eterno redentor de Apple Computer¿ es un gran visionario de la industria informática, pero agosto de 1998 me pareció una fecha temprana para matar los viejos discos de 3,5 pulgadas, por obsoletos que fueran. Así se lo comenté a varios colegas, entre los que se encontraba Mauricio Jaramillo.

Como devoto de Apple, Mauricio adopta como dogma de fe casi cualquier cosa que salga de la boca de Jobs. Por eso distorsionó un poco mis palabras y terminó inventando que yo afirmé que el disquete sería el medio de almacenamiento del futuro.

A Mauricio se le puede perdonar que sea fanático de Apple o que prefiera el betamax sobre el VHS; incluso ¿y que el cielo me perdone por esto¿ se le puede perdonar que sea hincha de Millonarios o fanático de Fabiola Zuluaga. ¡Pero que ponga en mi boca cosas que no he dicho y las sostenga durante seis años!

Sin embargo, a pesar de sus burlas y de los acelerados vaticinios de Jobs, el disquete sigue siendo hoy un elemento útil, que trabaja en los computadores que ensambla y vende el restante 95 por ciento del mercado, ese modesto grupo conformado por los fabricantes de PC Intel o compatibles, con sistema operativo Windows.

Para refrescar la memoria

Evidentemente, el disquete no será la tecnología del almacenamiento del futuro ¿tal como nunca lo afirmé¿, pero en agosto de 1998 las alternativas no eran las mejores.

En esa época, los CD grabables y regrabables no eran tan populares como ahora y los fabricantes no incluían unidades grabadoras como opción predeterminada en sus computadores. Además, si mal no recuerdo, entonces un CD-RW costaba alrededor de 20.000 pesos y un CD-R tal vez 5.000¿ o más.

Las memorias flash que se conectan al puerto USB del computador todavía pertenecían al mundo de la ciencia ficción. Como sea, hasta hace poco más de un año, estos dispositivos se vendían por un valor equivalente al dólar por megabyte de capacidad. Uno de 64 MB podría costar 180.000 pesos, y uno de 128 MB, 360.000 pesos. Un poco caros, para ser franco.

¿Recuerdan la tortura en que podía convertirse tratar de bajar de Internet cualquier cosa que pesara 1,44 MB (la capacidad máxima de un disquete) en 1998? Incluso ahora, la penetración de la red en el país no garantiza que uno pueda enviarle un archivo a un amigo y él tenga cómo bajarlo. Y si lo hace en un café Internet, de todas maneras va a necesitar un disquete para llevarlo a su casa.

Hoy, en pleno Siglo XXI (el vaticinio de Jobs data ya del Siglo XX), todavía hay fabricantes que entregan en disquetes el software controlador de sus dispositivos de alta tecnología; se usan disquetes de inicio para recuperar sistemas y en las oficinas todavía es común escuchar que alguien pida un disquete para copiar un archivo. En los pedidos de las empresas o en las listas de compras caseras todavía se puede encontrar un item llamado ¿disquetes¿.

Hace seis años, e incluso ahora, los disquetes eran la alternativa más común para guardar archivos pequeños (de hasta 1,44 MB): unas pocas fotos, unas cuantas tablas de Excel, muchos documentos de Word…

Pero los tiempos cambian¿

Hoy, a diferencia de hace seis años, las unidades para grabar CD son parte del computador básico que venden prácticamente todos los fabricantes; los discos grabables cuestan 500 o 1.000 pesos, y las memorias flash se consiguen por menos de mil pesos el MB de almacenamiento, con tendencia a la baja.

Por eso, también se escuchan rumores ¿sin confirmar¿ de que grandes fabricantes de PC hablan de eliminar las unidades de disquete de los computadores. Solo que hoy, a diferencia de hace seis años ¿y es que seis años en materia de tecnología es una cantidad de tiempo¿ la idea tiene más sentido. Ahora sí es tiempo de ir pensando en una misa de réquiem¿

Aunque, si me lo preguntan, creo que el disquete todavía nos acompañará un par de años¿ quizás un lustro. No creo que aguante otros seis años, como los que han transcurrido desde que Steve Jobs declaró su muerte anticipada, en 1998, pero uno nunca sabe¿ A lo mejor en el 2010, algún periodista le envíe a su editor un disquete que contenga un texto en el que se burla de mis palabras.

Yo, por si acaso, todavía tengo en mi casa unos cuantos disquetes y conservo otros más en mi oficina¿ uno nunca sabe cuándo vaya a necesitar uno para sacar de un afán a Mauricio Jaramillo, muy a pesar de lo que piense Steve Jobs.

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