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	<title>Tecnología para el desarrollo económico: Noticias, Fotos, Evaluaciones, Precios y Rumores de Tecnología para el desarrollo económico • ENTER.CO</title>
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	<description>Tecnología y Cultura Digital</description>
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	<title>Tecnología para el desarrollo económico: Noticias, Fotos, Evaluaciones, Precios y Rumores de Tecnología para el desarrollo económico • ENTER.CO</title>
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		<title>Tecnología para el desarrollo económico: el reto de generar más valor y no vender barato</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Hernando Barreto]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 21 Jun 2026 19:52:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Tecnología]]></category>
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					<description><![CDATA[Una hoja de ruta a 2038 propone dejar de competir por ser baratos y empezar a competir por ser difíciles de copiar. Te explicamos de qué se trata, sin tecnicismos. Colombia define hoy un nuevo Presidente y desde el sector privado se presenta una propuesta que pone a la tecnología para el desarrollo económico en [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Una hoja de ruta a 2038 propone dejar de competir por ser baratos y empezar a competir por ser difíciles de copiar. Te explicamos de qué se trata, sin tecnicismos.</p>
<p>Colombia define hoy un nuevo Presidente y desde el sector privado se presenta una propuesta que pone a la tecnología para el desarrollo económico en el centro de la discusión. Su apuesta es ambiciosa: que el país crezca <strong>más del 5 % anual durante doce años</strong>, duplique el ingreso por persona y, sobre todo, cambie de raíz <strong>de qué vive Colombia</strong>.</p>
<p><span id="more-584806"></span></p>
<p>Hagamos una cuenta rápida. Colombia viene creciendo alrededor del 2,6% al año. Suena bien hasta que uno entiende lo que significa: a ese ritmo, la economía apenas alcanza para no retroceder. No hay plata nueva para transformar nada de fondo. Es como pedalear con todas las fuerzas para quedarse en el mismo sitio.</p>
<p>La frase que resume todo el plan es esta: pasar de la extracción a la transacción. Traducido: dejar de depender de sacar cosas de la tierra (petróleo, carbón, café) y empezar a vender conocimiento, servicios y productos difíciles de copiar.</p>
<h2>Tecnología para el desarrollo económico en Colombia: la apuesta por la sofisticación</h2>
<p>Acá está el giro mental más importante del documento, y vale la pena entenderlo bien.</p>
<p>Durante décadas, el manual del desarrollo decía que los países pobres compiten por ser <strong>los más baratos</strong>: mano de obra barata, fábricas que ensamblan lo que diseñan otros. En documento dice que esa carrera ya está perdida —siempre habrá alguien más barato— y propone lo contrario: competir por <strong>resolver problemas que otros no pueden o no quieren resolver</strong>.</p>
<p>Lo explican con una metáfora prestada del economista de Harvard Ricardo Hausmann que es bastante clara: la economía es como un juego de <strong>Scrabble</strong>. Las letras son las capacidades de un país (su gente preparada, su infraestructura, sus leyes). Los productos son las palabras que uno puede formar con esas letras. Si solo tienes letras simples, solo armas palabras simples y baratas. El truco del desarrollo no es producir más café (más de la misma palabra), sino conseguir letras nuevas para armar palabras que el mundo pague caro.</p>
<h2>La pregunta clave: ¿cuándo debe meterse el Estado?</h2>
<p>Acá el documento mete el dedo en una de las peleas eternas de la economía, y la resuelve de una forma sorprendentemente práctica.</p>
<p>De un lado está la visión del estratega colombiano <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Alejandro_Salazar_Yusti,_Consultor_en_Estrategia_Corporativa_y_Competitiva.jpg" target="_blank" rel="noopener"><strong>Alejandro Salazar</strong></a>: la buena estrategia no se planea desde un escritorio, se <strong>descubre</strong> mirando qué empresas ya están ganando en el mercado por sí solas. El Estado debe desconfiar de su propia capacidad de &#8220;elegir ganadores&#8221; y limitarse a quitar trabas.</p>
<p>Del otro lado está la economista <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Mariana_Mazzucato" target="_blank" rel="noopener"><strong>Mariana Mazzucato</strong></a>, que sostiene lo contrario: casi ninguna tecnología grande (el GPS, el internet, la pantalla táctil de tu celular) habría existido si el Estado no hubiera puesto la plata de riesgo <strong>antes</strong> de que el sector privado se atreviera.</p>
<p>¿Quién tiene razón?: no se contradicen si entiendes que juegan en canchas distintas. La regla queda así de simple:</p>
<p style="text-align: left;"><strong>¿Ya existe una empresa colombiana ganando en eso sin ayuda?</strong> Entonces aplica Salazar: el Estado solo quita los            obstáculos (impuestos, burocracia). <strong>¿No existe todavía y el riesgo es enorme?</strong> Entonces aplica Mazzucato: el Estado            arranca el motor.</p>
<p>Y para que esa ayuda estatal no termine en corrupción —el miedo de cualquier colombiano—, el documento le suma una lección de Corea (el llamado &#8220;control recíproco&#8221;, que veremos más adelante): la plata pública solo fluye contra metas medibles, y si no se cumplen, se corta. Apoyo con condiciones, no cheques en blanco.</p>
<h2>Las seis apuestas (y por qué están en ese orden)</h2>
<p>El documento no se queda en la teoría. Pone seis sectores sobre la mesa y, lo más interesante, los <strong>ordena por prioridad</strong> con un criterio claro: cuánta plata hay que meter, qué tan listo está el país, qué tan rápido entran dólares y qué tan difícil es que otro país nos copie.</p>
<ol>
<li><strong>Software y servicios digitales (KPO)</strong>. El favorito. Colombia ya exporta servicios tecnológicos, no necesita fábricas carísimas y comparte zona horaria con Estados Unidos. La idea es subir de escalón: pasar de los call centers a cosas más sofisticadas como análisis de datos y arquitectura de software.</li>
<li><strong>Ciberseguridad</strong>. Esta es ingeniosa. Como Colombia ha sido tan atacada digitalmente, sus bancos (Bancolombia, Grupo Aval) y empresas como Ecopetrol tuvieron que volverse expertos en defenderse. Ese conocimiento &#8220;curtido en batalla&#8221; es justamente lo que las empresas de Estados Unidos y Europa quieren comprar. Y como Colombia es socio de la OTAN, hay una barrera de confianza que un competidor en Asia no tiene.</li>
<li><strong>Logística y ensamblaje (nearshoring)</strong>. Aprovechar que las empresas gringas quieren proveedores cerca y que Colombia tiene puertos en dos océanos.</li>
<li><strong>Silicio e hidrógeno verde</strong>. Más sobre esto en un momento.</li>
<li><strong>Turismo de alto valor</strong> (salud, naturaleza), no el turismo masivo y barato.</li>
<li><strong>Computación cuántica</strong>. La apuesta más futurista: no fabricar las máquinas (eso cuesta miles de millones), sino formar a los programadores que las van a operar.</li>
</ol>
<p>La lógica que conecta todo es elegante: las apuestas baratas y rápidas (software, ciberseguridad) generan los dólares que después financian las apuestas caras y lentas (silicio, cuántica). Sin las primeras, las segundas nunca arrancan.</p>
<h2>El debate del momento: ¿centros de datos de IA?</h2>
<p>Como buen documento de 2026, no podía ignorar la fiebre de la inteligencia artificial. Algunas voces del sector eléctrico proponen que Colombia atraiga <strong>centros de datos de IA</strong> aprovechando su energía hidroeléctrica &#8220;limpia&#8221;.</p>
<p>El documento responde con un matiz que conviene tener claro, porque mezcla dos cosas distintas. Una cosa son los centros de datos que necesitan estar <strong>cerca del usuario</strong> (para que las apps respondan rápido): ahí Colombia sí es competitiva, y de hecho Google ya construye uno en el Valle del Cauca y Amazon activó infraestructura en Bogotá. Otra cosa muy distinta son los gigantescos centros de <strong>entrenamiento</strong> de modelos de IA, que tragan electricidad sin parar. Y ahí aparece la trampa: la misma energía hidroeléctrica que se vende como ventaja es la debilidad, porque cuando llega <strong>El Niño</strong> y bajan los embalses, el país entra en alerta de racionamiento. Un centro de datos no se puede &#8220;apagar&#8221; durante una sequía.</p>
<p>Conclusión del documento: los centros de datos son <strong>infraestructura que ayuda</strong>, no la apuesta principal. Sensato.</p>
<h2>¿Y los semiconductores? Cuidado con la palabra &#8220;vidrio&#8221;</h2>
<p>Acá hay una de las partes más finas. Algunos sectores sueñan con que Colombia fabrique <strong>semiconductores</strong> (los chips de los celulares y computadores), y citan como prueba de capacidad a <strong>Tecnoglass</strong>, la empresa barranquillera que exporta vidrio y ventanas a Estados Unidos y cotiza en la Bolsa de Nueva York.</p>
<p>El documento pone los pies en la tierra: el vidrio de una ventana y el silicio de un chip se parecen tanto como una olla de aluminio y el fuselaje de un avión. Comparten material, pero no la cadena de conocimiento. Un chip exige una pureza de &#8220;nueve nueves&#8221; (99,9999999%) y fábricas de 15.000 millones de dólares.</p>
<p>Pero —y aquí está lo inteligente— Tecnoglass sí tiene un papel real, solo que en otro lado: en los <strong>paneles solares</strong>. Un panel necesita vidrio especial de bajo hierro en su cara frontal y estructura de aluminio, dos cosas muy cercanas a lo que Tecnoglass ya hace. La lección es que el panel solar no es un solo negocio, sino una <strong>cadena con varios eslabones</strong>, y Colombia puede meterse en los eslabones donde ya tiene campeones, sin pretender fabricar la celda.</p>
<h2>La lección coreana (con asterisco)</h2>
<p>El documento estudia a los &#8220;tigres asiáticos&#8221; —Vietnam, Taiwán y especialmente Corea del Sur— para aprender, no para copiar.</p>
<p>De Corea rescata una idea poderosa: cuando el Estado apoyaba a las empresas, <strong>no les regalaba la plata</strong>. Les daba crédito barato a cambio de cumplir metas de exportación concretas, y si no cumplían, se acababa el apoyo. A eso lo llaman &#8220;control recíproco&#8221; y es la receta para que la ayuda estatal no termine en corrupción y favores.</p>
<p>Pero el documento es honesto con el asterisco: Corea logró eso siendo, en buena parte, una <strong>dictadura</strong>. Colombia no puede ni debe copiar eso. La propuesta es lograr la misma disciplina pero por la vía democrática: metas públicas y auditables que cualquier ciudadano pueda revisar.</p>
<p>Y hay una ventaja colombiana que el documento celebra: Corea sufre el <strong>&#8220;síndrome de Galápagos&#8221;</strong>: empresas como Naver o Kakao son gigantes en casa pero invisibles afuera, porque crecieron mirando solo su mercado interno. Colombia, al ser un mercado mediano que necesita exportar desde el día uno y que comparte idioma y horario con mercados grandes, nace mirando hacia afuera. Inmune al Galápagos.</p>
<h2>El verdadero cuello de botella: la política, no la economía</h2>
<p>Si todo esto suena lógico, ¿por qué no se ha hecho? El documento da una respuesta que duele: el problema de Colombia no es la falta de ideas, sino lo que llama <strong>&#8220;la tragedia de la planeación&#8221;</strong>. El país se la pasa haciendo planes maravillosos que nadie ejecuta porque cada gobierno empieza de cero.</p>
<p>Y aquí está, quizás, la tesis más importante de todo el documento: la gobernanza <strong>no es el cierre ni un detalle de implementación, es la condición de la que depende todo lo demás</strong>. De nada sirve la mejor estrategia de software, ciberseguridad o silicio verde si las reglas del juego cambian cada cuatro años. Ninguna empresa seria —ni colombiana ni extranjera— invierte a diez años en un país donde no sabe si la política seguirá en pie tras la próxima elección. La estabilidad es, literalmente, la materia prima de la inversión de largo plazo.</p>
<p>Por eso la propuesta termina con la pieza más difícil: un <strong>&#8220;Pacto de Consenso Estratégico&#8221;</strong> a doce años. Es decir, que las principales ciudades y fuerzas políticas se pongan de acuerdo en una hoja de ruta que sobreviva a los cambios de gobierno, blindada por instituciones independientes como el Banco de la República y la Corte Constitucional. La idea es lograr la constancia que tuvieron los países asiáticos —que sostuvieron su rumbo por décadas— pero <strong>sin renunciar a la democracia</strong>. Las ciudades compiten entre sí por ser el mejor polo de innovación, pero todas dentro de la misma cancha y por doce años.</p>
<h2>En resumen</h2>
<p>La apuesta es clara: Colombia tiene &#8220;letras de Scrabble&#8221; que no ha sabido usar —<a href="https://www.enter.co/colombia/lo-que-la-industria-tecnologica-le-esta-pidiendo-al-proximo-presidente-de-colombia/?utm_source=chatgpt.com" target="_blank" rel="noopener">talento tecnológico</a> repartido en varias ciudades, expertos en ciberseguridad, energía limpia, ubicación privilegiada— y podría armar &#8220;palabras&#8221; mucho más valiosas que las que vende hoy. El obstáculo no es la capacidad, es la constancia.</p>
<p>¿Suena ambicioso? Sí. ¿Imposible? Vietnam y Corea estaban peor que Colombia hace sesenta años. La diferencia, según este documento, no estará en los recursos, sino en si el país es capaz de mantener un rumbo por más de un periodo presidencial.</p>
<p><em>Este artículo está basado en un documento de estrategia económica de circulación privada, concebido como borrador para discusión. Las cifras citadas provienen del DANE, el Banco Mundial, el Ministerio de Comercio y la OCDE.</em></p>
<p><em>Imagen</em>: ENTER.CO / Generada con IA (ChatGPT)</p>
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