Evaluación: ‘Distrito Salvaje’

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Voy a sincerarme: cuando supe que Netflix iba a tener una serie colombiana, llamada ‘Distrito Salvaje’, con un guerrillero desmovilizado como protagonista, me imaginé lo mismo que muchas personas: otra narconovela más para el mismo público que devoró ávidamente ‘Narcos’ y, por tanto, no me llamaba la atención. Pero luego me contaron que realmente se trataba de una especie de ‘Jason Bourne colombiano’ y eso hizo que me interesara.

Hace tiempo estaba esperando una producción de acción en el país, con actores, locaciones y situaciones nuestras, que pudiéramos reconocer. Algo distinto a lo que siempre hacen los estadounidenses, como en el caso de ‘Mr. and Mrs. Smith’, en el que muestran a Bogotá como un pueblo en mitad de la selva, con gallinas, tanques y balas por todas partes. Con esa idea en la cabeza llegué a casa, prendí el televisor y me senté a ver ‘Distrito Salvaje’.

Es ficción, no una radiografía de nuestra realidad

Cuando uno reproduce los capítulos, lo primero que se encuentra es una leyenda que dice: «Esta es una serie original, inspirada en la realidad, pero no en nombres, hechos o personajes reales. Cualquier parecido o similitud con la realidad es pura coincidencia», y no es un dato menor: como bien dice ahí, la serie se basa en la realidad colombiana, pero no en hechos reales. En otras palabras, es ficción pura y dura.

Antes de empezar a verla, hay que sacarse los prejuicios y las ganas de buscar un trasfondo político o de hacer un símil entre los personajes de la serie y los de la fauna de la realidad colombiana. Sí, se hacen referencias a Uribe, el proceso de paz, las Farc, la Columna móvil Teófilo Forero y al proyecto Bogotá 2030, pero son simples menciones, no es un documental que trata de mostrar alguna verdad oculta detrás de esos elementos. Una serie como esta no se puede ver con los lentes con los que vemos otras producciones colombianas, sino con los que vemos cualquier serie o película de ficción estadounidense.

A ‘Distrito Salvaje’ hay que verla, precisamente, como si se tratara de las películas de ‘Jason Bourne’. En esos filmes sabemos que la CIA existe, pero que no las grandes conspiraciones, ni los proyectos Treadstone o Blackbriar. Simplemente compramos palomitas y nos sentamos a verlas en el cine, del que no salimos pensando cosas como «la CIA sí que es corrupta» o «las cosas en Estados Unidos están muy mal» porque sabemos que es ficción y simplemente nos las gozamos. Así, de esa misma forma, debemos ver ‘Distrito Salvaje’, disfrutándola y no más. Imaginémosla como una serie estadounidense hecha en Colombia, con actores colombianos y productora colombiana (Dynamo Producciones), porque eso es lo que es.

No es el mismo cuento de siempre

Distrito Salvaje

Una vez uno entiende esa primera advertencia que hace cada capítulo, puede sentarse a disfrutar de la historia de Jhon Jéiver Trujillo, alias Yei Yei (Juan Pablo Raba), un guerrillero de la Columna móvil Teófilo Forero de las Farc que escapó para desmovilizarse y que en su vida civil protege su identidad bajo el nombre de Jhon Gómez.

Pero no se trata de cualquier desmovilizado, sino de una leyenda de la guerrilla, uno de los ‘Pisa suave’, que son, en palabras del misterioso personaje Caldera (Juan Fernando Sánchez), «expertos en infiltración, indetectables, expertos en combate armado y explosivos […] ejércitos de un solo hombre»; en definitiva, Jhon es un Rambo colombiano. Por esa razón se le ofrece una misión especial: ser un infiltrado en una Bacrim, en Bogotá, para aportar en una investigación anticorrupción de la Fiscalía.

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Y es precisamente ahí donde está uno de los puntos interesantes de esta serie: no es una telenovela, no se centra en historias de amor, sino en acción, infiltraciones, espionaje y conspiraciones. Hay más balas y peleas, que besos, escenas de sexo o amores obsesivos. De hecho, las escenas de acción están muy bien hechas, tanto que recuerdan a las producciones estadounidenses.

A medida que pasan los capítulos, uno comienza a creer, a punta de peleas y balazos, que Yei Yei realmente es un ejército de un solo hombre, un arma letal capaz de cosas tan increíbles como enfrentarse a mano limpia con un grupo armado y salir ileso, cosas que solo estábamos acostumbrados a ver en películas protagonizadas por Bruce Willis, Silvester Stallone, Arnold Schwarzenegger, Jean-Claude Van Damme, Jason Statham, Dwight Johnson, Tom Cruise o Matt Damon.

Pero, además, es interesante que la historia no se centra en la guerrilla o el narcotráfico, porque de eso ya nos han contado mucho, sino en la corrupción, en la maraña de estrategias y planes maquiavélicos de los políticos que mueven contratos a su antojo para beneficio propio y son capaces de mandar matar a quien sea para alcanzar lo que quieren. Ellos pueden ser tanto o más peligrosos que los mismos guerrilleros o capos de la mafia. Pero también habla sobre la forma para combatir esa corrupción: usando armas similares, ensuciándose un poco las manos y haciendo cosas fuera de la ley.

Una serie de alto nivel

‘Distrito Salvaje’ no es llamativa solo por la historia que cuenta, sino también por muchos de los aspectos técnicos que maneja. Tiene una gran fotografía, con, entre otras cosas, tomas aéreas de Bogotá hermosas. Y, a propósito de la ciudad, las locaciones están muy bien elegidas porque son diversas y no solo muestran las partes bonitas de la ciudad, sino también las otras, las no tan fáciles de ver, los barrios residenciales del centro, con paredes grafiteadas, puertas viejas y puestos ambulantes, por ejemplo.

En la serie hay un viaje dentro de la capital del país por medio de las cámaras, de tal forma que uno reconoce calles, avenidas, parques, barrios y localidades, y se siente en casa, sin dejar de recordar que todo es ficción. Y eso habla muy bien de la producción.

Otra cosa que la hace sentir más cercana es el guion, que, en su mayoría, les da diálogos a los personajes con la cantidad justa de groserías, con acentos diversos y formas de expresarse naturales, como las que usamos todos en el día a día y que permite saber qué personaje es pobre, cuál es adinerado, cuál es pedante, cuál es humilde o cuál viene de otra región. Y casi todos tienen la medida justa, sin caer en estereotipos, sin que suenen forzados o caricaturizados.

¿Qué ritmo es ese?

Distrito Salvaje

El ritmo de la serie, sin embargo, me deja dudas. Arranca lento, los primeros capítulos cuestan porque entran a la historia de los personajes sin preámbulos. Hay flashbacks sin contexto, algunos de los cuales encajan y son fáciles de comprender por asociación y lógica, pero otros solo parecen flotar en el aire. Hay referencias al pasado de los personajes, como el de Giselle Duque (Camila Sodi), que uno no acaba de comprender bien porque aparecen solo en diálogos sueltos.

Pero, a medida de que pasan los capítulos, las piezas comienzan a encajar, el ritmo se acelera y uno comprende más a los personajes. Sin embargo, hacia el final la velocidad incrementa demasiado y parece que quisieran cerrar la mayor cantidad de ciclos posibles lo más rápido que se pueda para no dejar muchas cosas en el aire, por si no hay segunda temporada (aunque espero que sí la haya).

Son interesantes las vueltas de tuerca que comienzan a aparecer en los últimos capítulos, cuyos finales dejan con ganas de ver más, llevan a maratonear y llegar al final casi sin darse cuenta. Cabe aclarar que hay varias escenas que podrían haberse omitido porque no aportan mucho a la historia, aunque muchas de ellas ayudan a construir a los personajes de manera más profunda, especialmente el de Yei Yei.

Por otro lado, es buena la elección de la música. La ambiental es un personaje más y agudiza las emociones: los momentos de acción son más ágiles o los de suspenso son más fuertes, por ejemplo. Pero, además, la banda sonora tiene un gran reparto de artistas cercanos y talento nacional: la canción principal es de Monsieur Periné, pero también suenan Los Petit Fellas y Yoky Barrios e, incluso, Joaquín Sabina.

Actuaciones de primera… y otras muy normales

El trabajo de cásting en ‘Distrito Salvaje’ es bueno, sin ser excelente. Tiene un reparto de actores reconocidos, que dan garantía, y caras nuevas o no tan conocidas, como los que actúan de adolescentes, que dejan mucho que desear, tanto que un niño de menos de 10 años parece superarlos, y eso que no tiene diálogos. Suenan forzados, parece que les costara manejar los personajes y las actuaciones no dan la talla.

Uno de esos personajes juveniles, quizá el que más diálogos tiene porque interpreta al hijo de Jhon, Mario (Nicolás Quiroga), es muy difícil de tragar. Tiene algunos momentos pasables, pero hay otros en los que es insoportable porque recuerda a ‘Tu Voz Estéreo’ u otras producciones de ese corte.

Sin embargo, algunos de esos actores no tan conocidos sorprenden porque su actuación es sencilla y creíble, como la de Paula Castaño, que interpreta a Verónica y que ha actuado en ‘El Arriero’, ‘Garzón vive’ y ‘Niche’, entre otras. No son muchas las escenas en las que aparece, pero, cuando lo hace, refresca y da nuevas perspectivas de Yei Yei.

Por otro lado, los actores conocidos, como Cristina Umaña (Daniela León), Christian Tappan (Apache), Roberto Cano (Édgar Franco), Juan Fernando Sánchez (Caldera), Alina Lozano (Francisca) o Camila Sodi (Giselle Duque), no defraudan, hacen un papel acorde a su extensa hoja de vida. Sus personajes son creíbles y verosímiles.

Claro está, unos hacen mejor trabajo que otros, pero, en general, logran que uno se encariñe o aborrezca a los personajes. Incluso pasa con Juan Sebastián Calero (Aníbal), que ya está encasillado en el papel de villano y que, a pesar de ello, logra darle un toque particular, de guerrilla, a su personaje, sin que se parezca a otros, como Richard, de ‘Pandillas, guerra y paz’.

Juan Pablo Raba es lo mejor de la serie

Lo de Juan Pablo Raba merece un capítulo aparte porque su papel es impecable. De lejos, y no solo por ser el protagonista, es el mejor actor de todo ‘Distrito Salvaje’. Su personaje no es fácil porque tiene un acento campesino que no debe sonar forzado y tiene características muy singulares. Por ejemplo, tiene múltiples formas de ser, según la situación, porque básicamente vive dos y hasta tres vidas. Debe ser un tipo noble y calmado con su familia, pero en su misión secreta debe mostrarse letal y astuto, solo por hacer mención a una pequeña parte de lo complejo que es Yei Yei.

Las emociones que debe manejar Raba tienen picos muy altos y diversos, que juegan entre la acción, el drama y, en menor medida, la comedia. Sin embargo, y pese a esa complejidad, logra que su personaje sea sumamente creíble, tanto que el espectador acaba por encariñarse con él, preocuparse o sentir empatía. También logra confundir cuando debe hacerlo, mantiene las tensiones y, en las escenas de acción, no hace dudar que es un arma letal. Y todo sin perder la esencia del personaje.

No hay nada que recriminarle a Raba por su personificación de Yei Yei. De hecho, sin él seguramente la serie no se sentiría tan bien y perdería mucho de su calidad. Raba es, sin duda, el alma de ‘Distrito Salvaje’ y, en gran parte por él, merece la pena una segunda temporada.

Imágenes: Imdb y Netflix

Fernando Mejía

Fernando Mejía

Quise ser músico, cineasta, astronauta, científico y poeta, cuando supe que solo me alcanzaba para la última, me hice periodista en el Externado para al menos escribir de todo eso y no defraudar al niño que fui.

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