Evaluación: ‘Black Mirror: Bandersnatch’

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Desde la primera temporada, ‘Black Mirror’ mostró la fascinante novedad de la que estaba hecha. Con cuatro temporadas, las dos primeras de tres capítulos y las dos últimas de seis, además de uno especial de Navidad (para un total de 19 episodios), y un formato de antología (es decir, capítulos distintos, con personajes distintos) explora la forma en la que la tecnología afecta nuestras vidas, pero llevándola a niveles paranoicos, llenos de ciencia ficción, terror y ansiedad. Una fórmula exitosa.

Pero ahora, y mientras se espera la quinta temporada, con ‘Black Mirror: Bandersnatch’ parecen haber encontrado una nueva fórmula para llevar nuestra cabeza, nuestra ansiedad y nuestra paranoia tecnológica a otro nivel. No solo nos hablan de cómo afecta la tecnología a la realidad, nos meten en un juego tecnológico para controlar la realidad de Stefan Butler (Fionn Whitehead), un joven desarrollador de videojuegos que en 1984 sueña con crear ‘Bandersnatch’, un juego basado en la novela homónima de Jerome F. Davies (Jeff Minter).

La novela funciona a la manera de «crea tu propia historia», en la que el lector debe decidir, por medio de opciones, cómo avanzará el relato y qué final tendrá. De la misma manera, Stefan quiere realizar el juego, con múltiples finales y explorando el libre albedrío del usuario. Y, como una matrioshka, la propia película funciona así: nosotros decidimos cómo va a avanzar la vida de Stefan, qué decisiones va a tomar y cómo eso lo afectará.

Una gran apuesta que supieron manejar con ingenio

Black Mirror: Bandersnatch

Aunque anteriormente Netflix ya había explorado los contenidos interactivos, lo hizo con un título para niños, ‘El gato con botas: atrapado en un cuento épico’; pero ‘Bandersnatch’ es el primero para adultos. La apuesta era arriesgada, se necesitaba un buen trabajo que nos dejara con ganas de ver más películas o series de ese tipo en el futuro. Y, cuando se decidieron por hacerlo con ‘Black Mirror’, no pudieron hacer una mejor elección.

Charlie Brooker, creador de ‘Black Mirror’ y escritor de todos los capítulos, y su equipo, supieron tomar el reto y sacarle jugo para crear una historia redonda, que parece caer en un bucle infinito en el que todo conecta con todo, incluso su propia dificultad para construir una historia interactiva de este tipo, con múltiples caminos y finales, sin perder la esencia de ‘Black Mirror’.

Para leer más sobre ‘Black Mirror: Bandersnatch’, ingresa a este enlace.

Además, es un acierto que no te arrojan de una vez a decisiones trascendentales, sino que comienza con cosas banales y sin importancia, como elegir el cereal del desayuno, para luego dar una opción que determina que no todo es color de rosa y que, si tomas una mala decisión, la cosa puede acabar muy mal. Como un tutorial rápido, sin salirse de la historia.

Luego te demuestran que las decisiones no son solo cosas que afectan a la historia, sino que los personajes parecen notarlo, afecta su percepción de la realidad, lo que hace del espectador otro personaje más de la historia, que no solo toma decisiones, sino que afecta vidas. Así, mezclan la ficción con realidad y aumentan la paranoia, la conexión con los personajes y fomentan que el espectador esté atento todo el tiempo.

No todo el mundo la disfrutará

Black Mirror: Bandersnatch

Aunque en lo personal me parece un acierto que las primeras elecciones sean triviales, es probable que alguien lo deje pronto al pensar que no va para ningún lado. Pero, además, algunas personas pueden frustrarse un poco cuando el sistema termina devolviéndolos a un punto, porque pareciera que la película nos quiere llevar por un rumbo preestablecido, con un solo final, y que nos engaña haciéndonos creer que tomamos las decisiones.

En algún momento pensé eso mismo. Sin embargo, me di cuenta de que incluso jugaban con eso y, dentro de los muchos discursos que se encuentran en la película, hay uno sobre la imposibilidad de crear un libre albedrío o de que finalmente todo es preestablecido, lo que no deja de ser cierto.

A veces, como en un laberinto, el usuario se encuentra en un callejón sin salida, un final prematuro, y, entonces, la historia retorna a un punto para tener la posibilidad de intentarlo de nuevo por otra ruta y, en ocasiones, esa ruta lleva inevitable y casi obligatoriamente a elegir la opción opuesta a la que elegimos antes, lo que puede parecerle aburridor a alguien.

Eso a pesar de que la misma película dice que hay otras formas de hacerlo, que cada decisión cambia el futuro e incluso lo que ya hiciste antes y no volverás a ver lo mismo. Entonces, requiere de un poco de paciencia, pero, si se tiene, uno acaba queriendo verlo una y otra vez para saber qué tanto finales puede encontrar, aunque seguramente no todos te gustarán, sobre todo si te encantan los finales felices. Entonces, se convierte en una película de culto, lo que no está mal.

Casi nada es al azar

Series y películas

Como dije antes, las decisiones triviales del principio tienen una razón de ser: sirven de tutorial. Y, así como ellas, todo o casi todo lo que ves tiene un simbolismo, una incidencia en el futuro, da una pista para elegir las opciones, anticipa lo que uno se puede encontrar, conecta con otras cosas o explica los discursos profundos detrás de la película, ya sea directa o indirectamente.

Por ejemplo, hay un sinfín de referencias a otros capítulos de la serie, muchas veces, lo que crea la ilusión, que ya se venía manejando desde las anteriores temporadas, de que todos los episodios se mueven en un mismo universo ficcional, interconectado de forma indirecta. Pero también hay otras referencias que conectan a ese universo con otras ficciones, que seguramente sirvieron de inspiración para crear la película, como la novela ‘Bandersnatch’ sirvió para inspirar a Stefan a crear su juego.

Eso se puede ver desde el nombre, ‘Bandersnatch’, que hace referencia a un personaje de ‘Alicia a través del espejo’, algo que fortalece otro discurso dentro de la película y algunas escenas, en las que el personaje atraviesa espejos. También pasa con el año en el que se desarrolla la historia, 1984, que recuerda el nombre de la novela de George Orwell. Incluso hay cosas que recuerdan a ‘Matrix’, a ‘Donnie Darko’, a ‘Inception’ y a otras obras artísticas o culturales que exploran futuros distópicos o rupturas de la realidad o el tiempo.

Incluso ningún personaje está al azar, por más secundario que parezca. Cada uno tendrá una incidencia, mínima o no, en el futuro. Hasta el pequeño chico de los mandados en Tuckersoft, la empresa desarrolladora de juegos para la que trabajan Colin y Stefan, tendrá su casi imperceptible importancia. Todo tiene una razón de ser o un simbolismo.

¿Realidad programada o simulación consciente?

Black Mirro: Bandersnatch

Todas las referencias externas y discursos que maneja la película requieren de mucha atención y permiten al espectador interpretarlos de muchas maneras. Cada final, incluso, puede tener su interpretación diferente. Depende de cada uno. Esto habla de que estamos frente a una obra de arte, una obra maestra, que requiere más que una lectura simple para entender todo lo que nos quiere decir.

Las maravillosas y constantes rupturas de la cuarta pared permiten, por ejemplo, interpretar que Stefan, Colin y los demás personajes realmente están en una simulación y se vuelven o son conscientes de ello. Creen que son reales, pero realmente son producto de un programa de computador, un juego o, claro, una película interactiva, pero se dan cuenta de ello y cambia su percepción del mundo, mientras nosotros jugamos el papel de dioses, obligándolos a hacer cosas que no quieren, lo cual involucra aun más a los espectadores y los convierte en un personaje más.

Pero también hay quienes pueden pensar que realmente se trata de una realidad programada, que todos somos un código que sigue unos comandos y todo nuestro futuro está predeterminado, simplemente cambiamos de ruta en nuestra historia según una serie de decisiones que toma otro o, incluso, nosotros mismos, como si el destino realmente fueran códigos de programación. Y esas son dos de las posibilidades.

Un arduo trabajo que se nota

Black Mirro: Bandersnatch

Con lo dicho hasta ahora, podemos notar un gran trabajo de producción que, además, nos hace pensar que realmente estamos viendo algo de los 80, gracias a los objetos, maquillajes, peinados y vestimentas. Pero también el trabajo de guion, dirección y edición son excepcionales, no es fácil construir una historia con tantos finales, cambios, ramificaciones y conexiones, que encajen completamente, sin errores de continuidad y que mantengan la ilusión de estarlo manipulando mediante las opciones.

El propio Brooker dijo que no fue fácil realizar este trabajo, que terminó siendo como hacer cuatro capítulos normales de la serie y que requirió ir aprendiendo a manejar la nueva herramienta que se les dio, a medida de que iban desarrollando el filme. De esta forma, lograron que la interacción y las opciones no fueran solo un elemento atractivo o de adorno, sino que formaran parte fundamental en el relato para involucrar al espectador. Esa interacción, de hecho, es el centro de la historia, la razón de ser, el leitmotiv.

Crear una producción que explore tantas cosas, que involucre tan profundamente al espectador y juegue con su mente, al mismo tiempo que lo hace con la de los personajes, que cambie las percepciones de la realidad de todos, que arme bucles, matrioshkas, juegue con los giros argumentales, las rupturas, los deus ex machina, los tiempos, las dimensiones, los discursos y una gran cantidad de elementos retóricos, argumentales y narrativos, además de los huevos de pascua y otros elementos secretos, que incluyen un código oculto para descargar un videojuego, y cada detalle que ha estado llenando la red de discusiones, artículos y videos, requieren de una genialidad y una lucidez impresionantes, y de un trabajo juicioso, centrado en los detalles y que no deja nada al azar o, si lo hay, juega con él también.

La cámara, los efectos y las actuaciones también son esenciales

Black Mirror: Bandersnatch

Parte de ese gran trabajo se ve también en los encuadres y movimientos de cámara, que, sin ser excepcionales, trabajan bien y son funcionales, muestran los elementos que deben mostrar con la sutileza necesaria, la misma que tienen los diálogos. Entran dentro del rimo y la estética que necesita la película.

Eso va de la mano con los efectos, que ayudan a mejorar partes esenciales del filme, como atravesar espejos, saltar ojos o, incluso, usar correctamente la luz para crear un simple, pero simbólico, rayo de luz en prisma. No exageran en el uso de efectos, son los justos y necesarios. Se usan para una función y solo para eso.

Aunque algunas actuaciones tienen lunares, especialmente en los actores secundarios, que se ven planos, inexpresivos y nada emocionales, como la esposa de Collin, en su mayoría hacen un buen trabajo, no excepcional o digno de algún premio, pero sí funcional, justo lo que necesitaba la historia.

Sin embargo, el trabajo que hacen Whitehead (Stefan) y Pulter (Collin) merece un párrafo aparte, porque les imprimen a sus personajes las personalidades que necesitan. El de Collin es un personaje memorable por su misticismo, tranquilidad y sabiduría, muy necesarias para el papel que desempeña en la historia. El de Whitehead es más complejo de explicar, pero también de llevar a cabo desde el trabajo actoral, porque el personaje pasa por muchos picos emocionales y mentales, que el actor sabe expresar perfectamente, sin parafernalias, siendo muy natural.

¿Y tu veredicto?

Black Mirro: Bandersnatch

Generalmente no hago esto en las evaluaciones, pero creo que en este caso es necesario, así que, como el crítico de los videojuegos en ‘Black Mirror: Bandersnatch’, explicaré un poco el veredicto final. Me costó encontrarle cosas negativas, incluso le pregunté a dos personas, de distintas edades (14 y 30 años), que vieron la serie, sobre las cosas que no les habían gustado, y a ellos también les costó encontrar alguna.

Leyendo en Internet, encontré a algunas personas que se referían a cosas negativas, pero completamente subjetivas y con las que no estuve de acuerdo porque me parecen parte de una lectura muy superficial y básica, como que hubieran querido que todos los finales se diferenciaran porque les parecían cursis.

Como no le encontré problemas de peso, me encantaría ponerle un cinco por las genialidades argumentales, el excelente trabajo y todo lo dicho hasta este punto; pero, como diría el crítico de la película, nada es perfecto. Tiene lunares en las actuaciones y el problema de que es una película de culto que solo durará lo que dure Netflix y su genialidad depende mucho de la interacción, por lo que no trascenderá en el tiempo, a menos de que encuentren una manera de inmortalizarla para que las personas la tengan en su casa. Aunque nada de eso le resta lo suficiente.

Imágenes: Netflix

Fernando Mejía

Fernando Mejía

Quise ser músico, cineasta, astronauta, científico y poeta, cuando supe que solo me alcanzaba para la última, me hice periodista en el Externado para al menos escribir de todo eso y no defraudar al niño que fui.

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