Para mí, y creo que para muchos gamers, uno de los barómetros más importantes para determinar el éxito de un juego proviene del más allá. Si yo sueño con un juego puedo asegurar que para mí, es un total éxito. Me ha pasado con títulos como StarCraft II: Wings of Liberty, la serie de God of War o Winning Eleven 6. Y me pasó con Diablo III.
Blizzard no mama gallo. Esa gente encuentra una formula que funciona y se toma todo el maldito tiempo necesario en ajustarla. No es extraño que se tomen más de siete años para desarrollar un producto. Diablo III, dentro de su generó de acción y rol, es increíble. El balance entre el sistema de juego, la historia y los escenarios es perfecto. No por nada se demoraron más de 10 años en desarrollar el juego. Pero lo mejor de Diablo no es el juego sino como los sentimientos y las impresiones que genera. Al estar en una caverna solo o explorando las profundidades de una catedral, uno alcanza a sentir el peso Sanctuary en sus hombros.
Es que un juego necesita magia para meterlo en su mundo virtual. Pocos títulos lo hacen olvidarse de los problemas terrenales y Diablo consigue exactamente eso. Esta semana y media ha sido terrible. Llegar como un zombie al trabajo y aprovechar el almuerzo para echarse una siesta son algunas de las consecuencias de pasar la noche en las entrañas de Sanctuary. Bienvenidas sea.
Los sentimientos que generan un juego son otra forma de juzgar la calidad del mismo. Hay clases de juegos que no tienen las mejores gráficas (hola Minecraft) pero que por su mezcla perfecta logran capturar la atención de millones de jugadores. A primera vista, Diablo es un juego repetitivo. Explorar, matar enemigos y recoger ‘loots’. Repito y repita. Básicamente esa es la carne del juego. Por eso Blizzard tenía la obligación de enamorar con otros elementos.
Y vaya si lo consigue. Los escenarios cambian de misión a misión y, por ser generados aleatoriamente, no hay ninguna posibilidad de repetir algún ‘mundo’. El juego siempre tiene ese elemento de exploración y sorpresa. Los sonidos generan un sentimiento de alerta que lo mantiene pegado a la pantalla del computador.
Desde ENTER.CO hacemos un llamado, ¡por favor jueguen Diablo III! Sabemos que cuesta 60 dólares, pero, si hace el cálculo del costo versus las horas de entretenimiento, se dará cuenta que es una gran inversión.


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